dimecres, 8 de juliol del 2015

Amanecer tardío

Cerraba los ojos y aun podía ver aquel amanecer tardío que tan precioso le había parecido. Aún podía sentir los débiles rayos de sol acariciándole el rostro por última vez. Aún podía ver esos cálidos colores que manchaban el cielo. Aún podía recordar cómo era todo antes. Cómo era todo antes de que llegara la oscuridad y lo inundara todo por completo. 

Tacto

Le gustaba aquello de sentirse protegida. Era tan cálido. Su tacto era tan suave. Él le daba el calor que necesitaba y que quería. Se estaba tan bien con él. Le echaría de menos en verano. Echaría de menos a su querido edredón. 

Suave

Suave tacto tenían las lágrimas. Él lo sabía de sobra. Por muy duras y ásperas que fueran las causas, ellas siempre eran suaves y delicadas. Él soñaba con cambiar de vida. Con cambiar su forma de ser o de hacer las cosas. Pero no podía. Era una caja de truenos.

Copos de nieve

Y con los copos de nieve llegó el invierno, el temido invierno.

dilluns, 15 de juny del 2015

Pellízcate

Pellízcate, Espe. Hazlo, en serio. Ay. Vale. Sí. Es real. Muy real. No puede ser. Te giras y lo ves. Está mirando al frente, con esos ojos marrones suyos y una media sonrisa en su rostro. Es de verdad. Miras a tu izquierda y ves su mano en tu hombro. La coges y la apretas con fuerza. Te gusta hacerlo de vez en cuando para transmitirle que estás ahí, que eres de verdad y que estás para lo que necesite. Vuelves a mirarle y sin darte cuenta, esbozas una gran sonrisa. ¿Cómo algo tan perfecto puede existir? Tú eras una chica algo escéptica para eso de la perfección, cosa que cambió que cuando él apareció en tu vida. La perfección existe, claro que sí. Para cada uno es diferente. Pero sabes que para ti, la perfección…es él. No te diste cuenta en seguida. Lo fuiste comprobando día a día. Detalle a detalle. Sonrisa a sonrisa. Él gira su rostro hacia a ti y te pregunta que qué pasa. Sonríes de nuevo y le dices eso que siempre quisiste hacer pero que nunca pudiste. Le dices algo simple pero a la vez complejo. Algo que te encanta decirle y que te encanta que te diga. Algo que de verdad sientes. Le dices que le quieres. Puede quedarse corto, de hecho, se queda. Le amas. Va más allá de eso pero no hay ninguna palabra que defina con exactitud tus sentimientos hacia él. Os quedáis mirando el uno al otro. Fija e intensamente. De una manera única, envidiable, perfecta. Os fundís en un beso y cuando os separáis él te dice algo que ya sabes pero que nunca te cansas de oír. Nunca habrías creído que un sencillo “yo también te quiero” iba a producir en ti tantas sensaciones. Seguís andando, uno al lado del otro, cogidos de la mano. Os miráis de nuevo y os sonreís. No hace falta nada más. Ambos estáis felices. Más que eso. Piensas en ese mes y pico que lleváis juntos y no puedes creértelo. Se te ha pasado más rápido de lo que pensabas. Puede que llevéis poco menos de dos meses, pero vuestra conexión es como si llevarais toda una vida juntos. Y eso te encanta. Te enamora, de hecho. Pero no más que él. Lo mucho que aquel chico de curiosas rojeces en las mejillas te enamoró y te sigue enamorando no lo superara nada ni nadie. Nunca. ¿Es posible que un cuerpo humano pueda albergar tanto amor y sentimiento? ¿Es posible que un cuerpo humano aguante la cantidad de sensaciones que él te produce? No lo sabes. Pero tampoco te importa mientras no pare de hacerlo. A lo largo de los días te has ido dado cuenta de algo que te ha dejado sorprendida, aunque no mucho. Algo que pensabas que iba a tardar más en llegar a tu vida. Te has dado cuenta de que él es el amor de tu vida. No un amor de tu vida. No. Él es el amor de tu vida. De esos que solo hay uno. De esos que no vuelven a haber. De esos que te hacen sentir cosas únicas. Piensas en el destino. El precioso destino que hizo que vuestras vidas se entrelazaran. El precioso destino que tenía escrito vuestra historia pero no vuestro amor. Porque vuestro amor es indescriptible. No puede estar escrito en ningún lado. Es imposible definirlo con simples y mundanas palabras. Le miras por cuarta vez y sonríes. No puedes evitarlo. Podrías decir que él te hace feliz pero no. No es así. Él es tu felicidad. Él es tu vida. Le quieres. Le necesitas. Le agradeces que te haya elegido a ti. Que entre todas las chicas del mundo, te haya entregado parte de su vida y de su corazón a ti. Es una tarea difícil pero harás lo que sea por aprovechar lo que él te ha dado y sabes que él hará lo propio con todo lo que tú le has entregado. Porque lo vuestro solo es vuestro. De nadie más. Porque solo vosotros lo entendéis y sois conscientes de lo que conlleva vuestra especial conexión. Una conexión que jamás habías pensado que tendrías con alguien. Pero él no es alguien cualquiera. Él es tu idiota.  

dimarts, 2 de juny del 2015

El destino. El estúpido destino.

El destino. El estúpido destino. Él había hecho aquello. Siempre había pensado que era bueno, o que al menos no era muy despiadado. Se había equivocado. Por su culpa él se encontraba allí. En esa fría habitación sin ningún color, sin ningún sentimiento. No podía creerse que se encontrara en aquella situación. Aquello debía ser una pesadilla o...o una broma pesada. Sí, eso. Una broma. En cualquier momento él se despertaría, la miraría con una sonrisa burlona en los labios, le haría un gesto para que se acercara y la estrecharía entre sus brazos. La chica parpadea y con amargura vuelve a la realidad. A esa triste y jodida realidad. Se frota los ojos con las manos en señal de cansancio y se levanta de aquel asiento tan incómodo. Lentamente se acerca a la camilla y a cada paso que da, más lágrimas le empañan la vista. Cuando llega a la altura del chico, no puede más y rompe a llorar como una niña. Se tapa la boca con la mano y desvía la mirada. Aquel rostro demacrado por las heridas y moratones no parece el mismo que hace unos días. Intenta controlar la respiración y tranquilizarse un tanto. Cuando consigue respirar como alguien normal y no se ahoga con sus propios hipidos, se vuelve a acercar a la camilla del joven. Esta vez, aunque varias lágrimas surcan su rostro, no se aparta. Es fuerte, o al menos necesita serlo de una vez por todas. Con una temblorosa mano, acaricia la cara del chico, pasando de la frente a la barbilla. Todo con una delicadeza extrema, teme hacerle daño. Cuando llega a los labios, se detiene y está tentada de besarle. ¿Lo sentirá? Le han dicho que puede escucharle, pero no que pueda sentir. Con una suavidad y una lentitud suma, va acercando su rostro al del chico y termina juntando sus labios con los de él. Los nota un poco fríos y un tanto resecos pero lo que siente al hacerlo es lo mismo que sentía cuando él estaba despierto. Quizás falte un poco más de pasión por su parte. Esboza una triste sonrisa y continúa observándole. Le echa tanto de menos. Echa tanto de menos sus conversaciones. Echa tanto de menos sus abrazos. Echa de menos tanto su risa. Las lágrimas vuelven a empañarle la visión. Desearía poder escucharle otra vez un simple "hola".
-Te echo menos, idiota-Se sorprende a sí misma hablando-Quiero que vuelvas, que despiertes y puedas volver a picarme, que despiertes y puedas reírte de mí, que despiertes y puedas volver a besarme, que despiertes y puedas volver a llevarme al cielo.
Sonríe con amargura y devuelve su mano al rostro del chico. Retoma las caricias y sigue hablándole aunque sepa que no podrá contestarle. 
-Me prometiste que no te irías, ¿recuerdas? Nos quedan muchas cosas por hacer. Muchísimas. Pero para hacerlas necesito que despiertes, necesito que esos preciosos ojos marrones tuyos vuelvan a ver el sol-La chica hace una pausa para tragar saliva-¿Te acuerdas de la primera vez que nuestras miradas coincidieron de esa forma tan intensa? Sí, cuando me sonreíste y yo hice lo mismo. En ese momento no supe qué más hacer, me salió sola la sonrisa. ¿Lo recuerdas? Espero que sí porque yo me acuerdo de ese momento como uno de los mejores de mi vida. 
La expresión del chico no cambia. Sigue impasible. Sin ningún tipo de expresión. Aquello no desanima a la chica y continua hablándole a su novio.
-Y la vez esa en tu cuarto, cuando...-La chica al principio duda si decirlo ya que le da un poco de vergüenza pero finalmente, lo dice:-cuando lo hicimos por primera vez. ¿Lo recuerdas? Me sentí simplemente genial, tú hiciste que así me sintiera.
La chica nota un pequeño espasmo en el rostro del chico. Como si quisiera despertar. Eso le alenta a continuar. 
-Porque solo contigo me siento así. Tú me haces ser como soy. Me haces sentir tantas cosas, todas de ellas igual de bonitas. Me haces sentir cosas que jamás había sentido y eso me hace estar loca por ti hasta...hasta límites insuperables. Podría decir que el infinito se queda un poco corto pero mentiría, se queda muy lejos de la realidad. Eres...eres el amor de mi vida, el destino ha querido que nos encontremos y ahora que nos tenemos mutuamente, no puedes irte, ¿me oyes?-Susurra entre sollozos-No puedes dejarme. Te quiero, eres mi todo y nunca podré reemplazarte ni aunque quisiera. Te necesito. No...no te vayas. Me lo prometiste...
La chica se calla al observar que la mano del chico se ha movido. No puede ser. ¿Estará soñando ¿Será la falta de sueño que está jugando con su mente? No. Ella lo ha visto. Ha movido los dedos de su mano derecha. Se acerca al rostro de su novio y advierte que sus párpados tiemblan. ¿La ha escuchado? ¡La ha escuchado! Bendito destino. Sabía que tarde o temprano le acabaría devolviendo aquello que estuvo a punto de quitarle definitivamente.
-Eh, eh, estoy aquí-Susurra la chica mientras le acaricia la cara-Estoy aquí. 
Mira al chico y se da cuenta de que ha abierto los ojos. ¡Los ha abierto! Está tan feliz. No puede creérselo. Ha estado esperando ese momento desde que entró en coma. Su novio la mira y abre la boca, como para querer decir algo. La chica lo advierte y se acerca a él. Agudiza el oído y puede escucharlo:
-Te amo, pequeña...No, no...lo olvides.
Tras esas palabras todo sucede muy rápido. Los empañados ojos de la chica no distinguen a ver que algo va mal. Un molesto y sonoro pitido comienza a sonar en toda la habitación. El chico vuelve a tener los ojos cerrados. Vuelve a estar como antes, incluso peor. Su rostro ahora sí tiene expresión. Una expresión llena de dolor. La chica cae al suelo y termina desmayándose con aquel pitido que el destino había preparado para su novio. En unos segundos, una vida acabó y otra se rompió con un simple y monótono ruido. Todo por culpa de el destino. El destino. El estúpido destino. 

dissabte, 30 de maig del 2015

Say something

Únicamente quería eso, que dijeras algo, un "estoy bien" hubiera servido, no hacía falta más, simplemente saber que estabas. Las heridas físicas duelen, unas poco y otras mucho, las no físicas duelen más porque sabes que esas tardan más en irse, mucho más. Sabes que por mucho daño físico que te hagas jamás podrás superar al que sientes en el corazón, no podrás superar al vacío que siente tu cuerpo. Eso te duele, te duele lo indecible. Tu mente es un continuo bucle que no puede parar de pensar en qué es lo que has hecho mal, qué has hecho para que todo haya acabado de esa forma. Tú no has sido. No, por supuesto que no. Espera. ¿Seguro? No, no, no. No es culpa tuya, tranquila. No pienses. Exacto. Para, para ese continuo pensamiento.  Intenta mantener la calma. Intenta centrarte en algo. Eso es. Dibuja. Sí, claro, estupendo. Dibuja. Siempre se te ha dado bien, ¿no? Eso no tendría que estar ahí. Menuda mierda de habitación. Tira todo lo de la mesa al suelo, ya habrá tiempo para recogerlo, ahora lo importante es dibujar. Eso es, a dibujar como una loca. ¿Qué coño hacen unas bragas dentro de mi carpeta de dibujo? Joder. A tomar por culo todo. Venga, ponte un poco de música. Sí, música. La música todo lo arregla. ¿Eso es de una película? Me suena. ¿Dónde se ha metido el puto lápiz? Esto es un gallinero, joder. Vale. ¿Ahora qué? Simplemente relájate. Claro, sí, relájate. Que bonita es. Aquel día de campo fue perfecto. Con aquella canción. Tumbados y cogidos de la mano. Para. No pienses en eso, estúpida. Dibuja, joder. Déjate llevar. Eso es...¿una acacia? Me parece que ya he visto ese árbol antes. Un pájaro. Un gorrión. Por lo visto se han puesto de moda. Menuda mierda de libro, de verdad. Que asco de sociedad. Debería dibujar un lago ahí. Sí, así, perfecto. Menuda obsesión tengo. Debería de cambiar de tema. Desnudos. Podría aficionarme a dibujar a desnudos. Seguro que esa guarra sería la primera que querría que la dibujara. Zorra. Me gustaría poder decirle a alguien un "te quiero". Joder, ya se ha emborronado el dibujo. Menuda mierda de vida. Con mis padres agobiándome. No puedo parar de pensar en ello. ¿Demasiado tarde? Quizás. Pero, ¿para él o para mi? Que bien besaba. Aún noto un cosquilleo cuando lo pienso. Debería dejarme llevar. Voy a intentar parar de pensar. Será lo mejor. Dibujar.

dimarts, 26 de maig del 2015

Todo lo que siento por ti

Jamás me había gustado tanto sonreír hasta que tú me diste motivos para no parar de hacerlo. Mi sonrisa de hecho me parece fea pero contigo...¿qué más da? Me da igual que mi sonrisa sea fea, ya ves tú, lo importante es el por qué de esa sonrisa, la causa de por qué esa extraña curva se forma en mi rostro. Bueno, podría decir que es solo por tenerte pero no es cierto, que va, diciendo eso me quedaría muy corta, la cosa es más compleja, bastante más. Cinco palabras. Lo que siento por ti. Sí, esa es la clave del por qué de mi sonrisa diaria. Tú de por sí ya me haces feliz, con tu presencia, con tu voz,  con tus ojos, con tus pequeñas rojeces en las mejillas, con tu risa, con todas tus cosas, pero es que esta es la parte simple, ahora viene lo complicado, ahora viene cuando te explico algo que dije que te explicaría, algo bastante complejo. Verás, se podría decir que simplemente me gustas, que simplemente me molas o que simplemente me tienes enamorada, pero no. Hay algo en ti que me inspira una confianza que nunca en mi vida he sentido, cuando hablo contigo es como si hablara con alguien a quien conozco de toda una vida, tienes algo que me vuelve loca. Cuando mi mirada se junta con la tuya, aunque sea solamente por unos instantes, algo dentro de mí crece, algo que me llena de una forma que me deja asombrada, algo tan único y perfecto que desviar la vista me parece hasta una pesadilla. El estar contigo es una de las mejores cosas que debe haber en esta vida, realmente, no me hace falta hacer nada más, solamente con verte, con escucharte o con saber que estás ahí, a mi lado, ya sea o no físicamente, me basta, me es más que suficiente, de verdad. Dicen que rozar el cielo debe ser bonito, que debe ser increíble pero eso es que no han probado tus labios, eso demuestra que no han estado entre tus brazos ni un segundo porque un abrazo o un beso tuyo vale más que cualquier viaje al cielo, los ángeles deberían envidiarme por tenerte, aunque en realidad todos deberían hacerlo. Me encantaría poder quedarme abrazada junto a ti durante toda la vida, poder besarte hasta quedarme sin respiración, poder observarte hasta quedarme sin vista, poder decirte todo lo que te quiero hasta quedarme sin saliva, poder estar contigo siempre. De verdad que si algún día me he imaginado con algún chico, no me imaginaba lo que tú y yo tenemos, ni mucho menos, lo nuestro es indescriptible, hay veces que digo que no podría describir algo con palabras pero es que ahora, de verdad que no puedo, es imposible, siento tantas cosas a la vez que no puedo ni decirlo, espero que con cosas como estas te hagas una idea algo lejana de todo lo que siento por ti. Me tienes más que enamorada, me tienes en tus manos directamente, no me he dado ni cuenta pero he dejado gran parte de mi vida en tu poder y sé que aunque no lo haya hecho adrede, he hecho bien porque eres alguien único y sé que harás cosas bonitas con mi vida, porque de hecho, ya lo estás haciendo. Eres mi felicidad. Eres mi sonrisa. Eres mi "buenos días". Eres mi alegría constante. Eres mis ganas de vivir. Eres mi idiota y eso no lo cambio por nada ni por nadie. Te quiero, te amo, te quiamo, puedes llamarlo como sea, únicamente quiero que sepas que te necesito y que estoy para lo que necesites, que me encantas y que me alegra lo indecible tenerte, que tengo alguien perfecto a mi lago y que no te voy a dejar ir. 

divendres, 10 d’abril del 2015

Por todo

Te he estado esperando como la flor espera la lluvia. Se podría decir que es un bonito comienzo para decirte todo lo que querría decirte pero creo que ni con esas podría expresar todo lo que siento cuando pienso en ti. Tu mirada y la mía son almas gemelas, lo sé, han nacido para estar unidas y jamás separarse. Tu sonrisa y la mía son hermanas, van unidas no solamente cuando las cosas van bien. Nuestras manos son dos piezas de un mismo puzle que se creían perdidas pero que al fin se encontraron. Podría proponerme explicarte cómo me siento cuando te veo, o simplemente cuando tu imagen se cuela en mi mente pero no te harías una buena idea. ¿Sabéis eso de que piensas que ya nadie puede sorprenderte? A mi me pasaba eso antes de conocerle. Te crees que lo has visto todo y va y aparece él, son su sonrisa y ese humor tan espontáneo, intentando hacerte reír desde el minuto cero. Empezáis a hablar como si os conocierais de toda la vida y a disfrutar cada uno de la compañía del otro. No os podéis creer que después de tanto sufrimiento haya aparecido en tu vida por fin. No paras de preguntarte dónde ha estado durante todo ese tiempo en el que lo único que hacías era sufrir y arrastrarte por capullos. Sabes que él va a cambiar tu vida, de hecho te estás dando cuenta de que ya ha empezado a cambiar. ¿Esa sonrisa con la que te levantas todas las mañanas a qué viene? ¿Esa felicidad que hacía tanto tiempo que no sentías de dónde sale? Jamás habías pensado que podrías pillarte tan rápido de alguien, pero él es diferente y lo sabes. No es como los demás, por supuesto que no. Tiene algo que te encanta y que cada vez te va enamorando más. No puedes evitar sonreír cada vez que recuerdas las conversaciones con él. Las lees una y otra vez, empapándote de sus palabras. Leves escalofríos recorren tu cuerpo cuando piensas que alguien como él haya podido fijarse en alguien como tú, es más, todo está saliendo tan bien que tienes miedo de que acabe. Porque sabes que cuando acabe lo pasarás mal, muy mal, pero eso no te debe importar ahora, céntrate en el ahora y deja el futuro para cuando sea su tiempo. Sin prisa. No paras de escuchar a todas horas esa canción que te pasó y que tan bonita te parece. Estás harta de sufrir y sabes que con él no vas a tener que volver a hacerlo. Para enamorarse aún queda tiempo, no corre prisa pero sabes perfectamente que aquel chico que apareció por casualidad en tu vida va a convertirse en alguien muy importante en ella. Te mueres por verle y por hablarle, por sonreírle y por abrazarle, por observarle y besarle, porque sabes que si no fuera porque os conocéis de hace poco tiempo, ya le habrías besado. Pero hay tiempo. Sin prisa. 

dimarts, 24 de març del 2015

¿Verdad?

Hace tiempo que no te gusta eso de ir deprisa, al contrario, lo odias, de hecho intentas ir lo más lento posible en todo. Siempre piensas que hay tiempo, mucho tiempo, a veces incluso demasiado. Haces las cosas con una tranquilidad y parsimonia que sorprende a los demás. Tú pasas y ni te inmutas, qué sabrán ellos. La pregunta de por qué haces las cosas de una forma tan pausada se te hace monótona y deseas con todas tu fuerzas que dejen de interesarse por ello. Desde que empezaste a tomártelo todo con más calma, las cosas han mejorado, te sientes con más vida que antes y sientes como si ahora lo disfrutarás todo el doble. Ahora todo va diferente. Sin prisa. Parece que no exprimas el tiempo pero lo haces más que nadie porque sabes que el tiempo vuela y no se detiene, y que la vida es eso que pasa mientras el tiempo te acaricia con su suave tacto invitándote a que lo aproveches. Pero sabes que lo que el tiempo te hizo sufrir ya no se va, no desaparece ni desaparecerá por mas que lo intentes, que los arañazos que causó en ti jamás te abandonarán. Intentas sonreír lo mas que puedes pero a veces el optimismo no es suficiente, necesitas algo, algo real que tocar y que te de ganas, ¿de qué? de todo, de comerte el mundo, de cantar hasta rasgarte la voz, de correr hasta que te fallen las piernas, de reír hasta que el dolor de barriga sea insoportable, de besarle hasta quedarte sin oxígeno, de llorar hasta quedarte sin lágrimas...de vivir hasta morir. Hay veces que desearías ser como tiempo atrás, haciendo las cosas sin pensar, sin miramiento alguno y sin tanta lentitud, pero luego te acuerdas, te acuerdas de lo que las prisas te han hecho, te acuerdas de lo que el tiempo te ha hecho, te acuerdas de lo que la impaciencia te ha hecho, por eso, mueves la cabeza de lado a lado y sueltas un gran suspiro resignado. Ya has escarmentado, demasiado en tu opinión pero eso te ha hecho fuerte y te gusta, de hecho prefieres eso a seguir sufriendo como antes. Hace tiempo que no te gusta eso de ir deprisa, al contrario, lo odias, de hecho intentas ir lo más lento posible en todo. Siempre piensas que hay tiempo, mucho tiempo, a veces incluso demasiado...¿verdad?

dimecres, 25 de febrer del 2015

¿Seguía o no seguía?

La chica no paraba de mirar de un lado para otro mientras esperaba en la esquina de aquella calle a la que nunca había ido pero a la que siempre había querido ir. Estaba indecisa. ¿Seguía o no seguía andando? Sabía que aquello estaba mal, que no debía hacerlo pero le habían dicho tantas veces que no podía que al final había acabado por querer. Le habían avisado de que sufriría y lloraría mucho si el recorrido por aquella calle iba mal, aunque también le habían dicho que si todo iba bien se sentiría como en una nube, se sentiría tan feliz que se olvidaría de todo lo demás. Veía a mucha gente entrar y a otra mucha salir. A algunos se les veía convencidos de lo que iban a hacer, a otros, como a ella, se les notaba la duda en la expresión. Pensaba en él y se le iban las dudas, pero luego pensaba en el dolor que podía causarle y las dudas volvían. Se pasó un mechón de pelo por detrás de la oreja y miró nerviosa hacia la dichosa calle. Realmente, era preciosa, habían luces por todos los lados, mucha gente, muchas risas y algunos llantos. Pero lo que más le gustaba a ella era el olor. Olía a la tierra mojada después de una tormenta, a un libro recién comprado, a ambientador de vainilla, olía a...él. No se había dado cuenta pero alguien se había colocado a su lado con tremendo sigilo, solo lo advirtió cuando dicha persona carraspeó. Se giró y lo vió. Era él. Tenía el pelo despeinado como tanto le gustaba, las pecas de la nariz se le notaban más que nunca, su sonrisa ladeada bailaba en su rostro y sus ojos color miel estaban fijados en ella de una manera diferente a cómo lo había hecho anteriormente. ¿Qué hacía allí? ¿También quería pasar por la calle? ¿Con quién o por quién? Sentía un agradable cosquilleo en el pecho que le hizo ponerse mas nerviosa que antes y que hizo que le surgieran mas dudas. Le dirigió una mirada furtiva al chico pero se sorprendió al ver que él la estaba mirando igual o más intensamente que antes. Sonrió de forma estúpida y se toco el pelo como siempre que se ponía demasiado nerviosa. Iba a decirle que qué hacía allí, cuando él, se llevo el dedo índice a los labios y le agarró su mano de forma delicada. Ella se sonrojó a más no poder y empezó a sentir que las piernas le fallaban y que empezaba a respirar demasiado deprisa. ¿Por qué le cogía la mano? ¿Por qué estaban empezando a andar hacia la calle? Cuando se quiso dar cuenta, se habían adentrado en una masa de gente y diferentes olores muy agradables, Él, que aun llevaba su mano cogida, se detuvo delante de una preciosa fuente, la cogió la cara con sus manos y le susurró algo que ella deseaba desde hacía meses. Después de aquel primer "te quiero", se fundieron en una cálido y bonito beso. Cuando se separaron y vió la felicidad reflejada en el rostro del chico y se imaginó que la suya sería igual, supo que lo había hecho. Se había adentrado en la calle del amor por primera vez en su vida.