La chica no paraba de mirar de un lado para otro mientras esperaba en la esquina de aquella calle a la que nunca había ido pero a la que siempre había querido ir. Estaba indecisa. ¿Seguía o no seguía andando? Sabía que aquello estaba mal, que no debía hacerlo pero le habían dicho tantas veces que no podía que al final había acabado por querer. Le habían avisado de que sufriría y lloraría mucho si el recorrido por aquella calle iba mal, aunque también le habían dicho que si todo iba bien se sentiría como en una nube, se sentiría tan feliz que se olvidaría de todo lo demás. Veía a mucha gente entrar y a otra mucha salir. A algunos se les veía convencidos de lo que iban a hacer, a otros, como a ella, se les notaba la duda en la expresión. Pensaba en él y se le iban las dudas, pero luego pensaba en el dolor que podía causarle y las dudas volvían. Se pasó un mechón de pelo por detrás de la oreja y miró nerviosa hacia la dichosa calle. Realmente, era preciosa, habían luces por todos los lados, mucha gente, muchas risas y algunos llantos. Pero lo que más le gustaba a ella era el olor. Olía a la tierra mojada después de una tormenta, a un libro recién comprado, a ambientador de vainilla, olía a...él. No se había dado cuenta pero alguien se había colocado a su lado con tremendo sigilo, solo lo advirtió cuando dicha persona carraspeó. Se giró y lo vió. Era él. Tenía el pelo despeinado como tanto le gustaba, las pecas de la nariz se le notaban más que nunca, su sonrisa ladeada bailaba en su rostro y sus ojos color miel estaban fijados en ella de una manera diferente a cómo lo había hecho anteriormente. ¿Qué hacía allí? ¿También quería pasar por la calle? ¿Con quién o por quién? Sentía un agradable cosquilleo en el pecho que le hizo ponerse mas nerviosa que antes y que hizo que le surgieran mas dudas. Le dirigió una mirada furtiva al chico pero se sorprendió al ver que él la estaba mirando igual o más intensamente que antes. Sonrió de forma estúpida y se toco el pelo como siempre que se ponía demasiado nerviosa. Iba a decirle que qué hacía allí, cuando él, se llevo el dedo índice a los labios y le agarró su mano de forma delicada. Ella se sonrojó a más no poder y empezó a sentir que las piernas le fallaban y que empezaba a respirar demasiado deprisa. ¿Por qué le cogía la mano? ¿Por qué estaban empezando a andar hacia la calle? Cuando se quiso dar cuenta, se habían adentrado en una masa de gente y diferentes olores muy agradables, Él, que aun llevaba su mano cogida, se detuvo delante de una preciosa fuente, la cogió la cara con sus manos y le susurró algo que ella deseaba desde hacía meses. Después de aquel primer "te quiero", se fundieron en una cálido y bonito beso. Cuando se separaron y vió la felicidad reflejada en el rostro del chico y se imaginó que la suya sería igual, supo que lo había hecho. Se había adentrado en la calle del amor por primera vez en su vida.
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