dimarts, 2 de juny del 2015

El destino. El estúpido destino.

El destino. El estúpido destino. Él había hecho aquello. Siempre había pensado que era bueno, o que al menos no era muy despiadado. Se había equivocado. Por su culpa él se encontraba allí. En esa fría habitación sin ningún color, sin ningún sentimiento. No podía creerse que se encontrara en aquella situación. Aquello debía ser una pesadilla o...o una broma pesada. Sí, eso. Una broma. En cualquier momento él se despertaría, la miraría con una sonrisa burlona en los labios, le haría un gesto para que se acercara y la estrecharía entre sus brazos. La chica parpadea y con amargura vuelve a la realidad. A esa triste y jodida realidad. Se frota los ojos con las manos en señal de cansancio y se levanta de aquel asiento tan incómodo. Lentamente se acerca a la camilla y a cada paso que da, más lágrimas le empañan la vista. Cuando llega a la altura del chico, no puede más y rompe a llorar como una niña. Se tapa la boca con la mano y desvía la mirada. Aquel rostro demacrado por las heridas y moratones no parece el mismo que hace unos días. Intenta controlar la respiración y tranquilizarse un tanto. Cuando consigue respirar como alguien normal y no se ahoga con sus propios hipidos, se vuelve a acercar a la camilla del joven. Esta vez, aunque varias lágrimas surcan su rostro, no se aparta. Es fuerte, o al menos necesita serlo de una vez por todas. Con una temblorosa mano, acaricia la cara del chico, pasando de la frente a la barbilla. Todo con una delicadeza extrema, teme hacerle daño. Cuando llega a los labios, se detiene y está tentada de besarle. ¿Lo sentirá? Le han dicho que puede escucharle, pero no que pueda sentir. Con una suavidad y una lentitud suma, va acercando su rostro al del chico y termina juntando sus labios con los de él. Los nota un poco fríos y un tanto resecos pero lo que siente al hacerlo es lo mismo que sentía cuando él estaba despierto. Quizás falte un poco más de pasión por su parte. Esboza una triste sonrisa y continúa observándole. Le echa tanto de menos. Echa tanto de menos sus conversaciones. Echa tanto de menos sus abrazos. Echa de menos tanto su risa. Las lágrimas vuelven a empañarle la visión. Desearía poder escucharle otra vez un simple "hola".
-Te echo menos, idiota-Se sorprende a sí misma hablando-Quiero que vuelvas, que despiertes y puedas volver a picarme, que despiertes y puedas reírte de mí, que despiertes y puedas volver a besarme, que despiertes y puedas volver a llevarme al cielo.
Sonríe con amargura y devuelve su mano al rostro del chico. Retoma las caricias y sigue hablándole aunque sepa que no podrá contestarle. 
-Me prometiste que no te irías, ¿recuerdas? Nos quedan muchas cosas por hacer. Muchísimas. Pero para hacerlas necesito que despiertes, necesito que esos preciosos ojos marrones tuyos vuelvan a ver el sol-La chica hace una pausa para tragar saliva-¿Te acuerdas de la primera vez que nuestras miradas coincidieron de esa forma tan intensa? Sí, cuando me sonreíste y yo hice lo mismo. En ese momento no supe qué más hacer, me salió sola la sonrisa. ¿Lo recuerdas? Espero que sí porque yo me acuerdo de ese momento como uno de los mejores de mi vida. 
La expresión del chico no cambia. Sigue impasible. Sin ningún tipo de expresión. Aquello no desanima a la chica y continua hablándole a su novio.
-Y la vez esa en tu cuarto, cuando...-La chica al principio duda si decirlo ya que le da un poco de vergüenza pero finalmente, lo dice:-cuando lo hicimos por primera vez. ¿Lo recuerdas? Me sentí simplemente genial, tú hiciste que así me sintiera.
La chica nota un pequeño espasmo en el rostro del chico. Como si quisiera despertar. Eso le alenta a continuar. 
-Porque solo contigo me siento así. Tú me haces ser como soy. Me haces sentir tantas cosas, todas de ellas igual de bonitas. Me haces sentir cosas que jamás había sentido y eso me hace estar loca por ti hasta...hasta límites insuperables. Podría decir que el infinito se queda un poco corto pero mentiría, se queda muy lejos de la realidad. Eres...eres el amor de mi vida, el destino ha querido que nos encontremos y ahora que nos tenemos mutuamente, no puedes irte, ¿me oyes?-Susurra entre sollozos-No puedes dejarme. Te quiero, eres mi todo y nunca podré reemplazarte ni aunque quisiera. Te necesito. No...no te vayas. Me lo prometiste...
La chica se calla al observar que la mano del chico se ha movido. No puede ser. ¿Estará soñando ¿Será la falta de sueño que está jugando con su mente? No. Ella lo ha visto. Ha movido los dedos de su mano derecha. Se acerca al rostro de su novio y advierte que sus párpados tiemblan. ¿La ha escuchado? ¡La ha escuchado! Bendito destino. Sabía que tarde o temprano le acabaría devolviendo aquello que estuvo a punto de quitarle definitivamente.
-Eh, eh, estoy aquí-Susurra la chica mientras le acaricia la cara-Estoy aquí. 
Mira al chico y se da cuenta de que ha abierto los ojos. ¡Los ha abierto! Está tan feliz. No puede creérselo. Ha estado esperando ese momento desde que entró en coma. Su novio la mira y abre la boca, como para querer decir algo. La chica lo advierte y se acerca a él. Agudiza el oído y puede escucharlo:
-Te amo, pequeña...No, no...lo olvides.
Tras esas palabras todo sucede muy rápido. Los empañados ojos de la chica no distinguen a ver que algo va mal. Un molesto y sonoro pitido comienza a sonar en toda la habitación. El chico vuelve a tener los ojos cerrados. Vuelve a estar como antes, incluso peor. Su rostro ahora sí tiene expresión. Una expresión llena de dolor. La chica cae al suelo y termina desmayándose con aquel pitido que el destino había preparado para su novio. En unos segundos, una vida acabó y otra se rompió con un simple y monótono ruido. Todo por culpa de el destino. El destino. El estúpido destino. 

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