Creo que lo necesito, aún tengo cosas que decirte, cosas que no te diré nunca pero que quiero que sepas. Me habían roto antes pero nadie lo hizo como tú. Me hiciste volar y me dejaste caer. Me cogiste pero a la vez me echaste. Me diste vida pero me enterraste. Te di lo poco que me quedaba y lo tiraste. Me rompiste y no sabes de qué manera. Un corazón ya roto en mil pedazos aún puede hacerse polvo y tú lo conseguiste. Yo busqué tu calidez y encontré un muro de hielo. Hiciste magia pero deshiciste los trucos. Pobre niña indefensa, buscando amor y lo único que encontró fue un abismo de soledad. Dos veces, solos dos veces y ya me sentí infinita. Creo que me enamoré de mi imagen sobre ti y no de ti. Creí confiar en algo que se desvaneció o quizá, nunca existió. Duele. Nos conocimos en uno de mis pozos sin fin y me lanzaste una cuerda. Era la cuerda mas bonita que había visto y me cogí a ella sin dudarlo. La escalé muy rápido, tenía ganas de salir de esa profundidad. No llegué ni a medio camino cuando tú, sin avisar, la soltaste. ¿Sabes lo peor? La soltaste y caí en un pozo más profundo aún. La luz desapareció, no veía nada. Me quedé sola, en silencio, sin hacer nada mas que llorar. La niña se convirtió en tristeza. Cada vez más pequeña, cada vez más oscura, cada vez más débil. Estuve ciega durante un tiempo, proyectando tu imagen una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez. Me dabas luz y oscuridad. Tu recuerdo me nublaba pero iluminaba. Si supieras tan solo una mínima parte de lo que lloré por ti. Si supieras la de veces que rememoré una y otra vez esas dos veces. Dos veces. Dos. Caí y caí en ese pozo durante muchísimo tiempo, no sabría decirte cuánto. Caía y caía. Frío, soledad, tristeza, tu recuerdo, frío, soledad, tristeza, tu recuerdo. Pero llegó el fin, choqué contra el fondo. No sé si me dolió más el golpe o ver que tú no estabas ahí para ayudarme. Quizá ambas por igual. Necesité tu mano y no obtuve ni una mirada, necesité de ti y tú ni siquiera advertiste que había caído. El suelo de aquel pozo era mucho más duro de lo que me esperaba. La caída dejó cicatrices en aquella niña desolada, cicatrices de esas que se ven pero también de las que no se aprecian a simple vista. Cicatrices que aún escuecen a dia de hoy, cicatrices que posiblemente nunca acaben de curarse. No supe qué hacer después de darme semejante golpe. Dejé de sentir, dejé de llorar y dejé de vivir. No morí pero dejé de vivir y no sé qué duele mas. Estuve a punto de acostumbrarme a esas profundidades y dejarme llevar por la oscuridad, pero un dia apareció algo. Una escalera de madera, algo rota e inestable pero una salida de aquel pozo al fin y al cabo. Invertí mucho tiempo en arreglarla pues estaba en muy mal estado, pero al tiempo lo conseguí. Ascendí y ascendí por ella sin parar hasta que salí. Cuando lo logré no podía creérmelo. Salí magullada y cansada, pero salí. En ese momento me acorde ti y sabes, te volví a llorar. Te lloré muchísimo, durante un buen rato y me volviste a doler pero ahí más que nunca, ¿quieres saber por qué? Porque vi el abismo por el que me habías lanzado y advertí lo profundo que era. Dolió darse cuenta, algo crujió dentro de mi y cayó por el interminable agujero, no sé exactamente qué fue pero perdí algo y sé que jamás lo recuperaré. Quizá esté mejor sin él, quizá no, no lo sé. Solo sé que doliste, dueles y dolerás, cada vez menos, pero ahí sigues.
Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada